Mientras esperaba en casa, una ráfaga de viento abrió las cortinas de la ventana donde, a trasluz, veía esa tarde las siluetas del vecino con su nueva conquista en intenso intercambio de placeres. La sucesión de felatios, cunnilingus, misioneros, vaqueras, cucharas y toda suerte de posturas despertó su lujuria y le produjo una envidia irreconciliable ante el continuo desdén de su mujer. Los cuerpos, convertidos en carne y fuego, sudorosos y agitados, se materializaron en el instante cuando, en pleno éxtasis, de la boca de un rostro que le resultaba bastante familiar, surgía un vibrante gemido de placer.
Pi
07 de diciembre de 2020 / 14:33
Voyeur 07 de diciembre de 2020 / 14:33
Pi
COMENTARIO (Taller por cuenta de SAPO) 11 de diciembre de 2020 / 07:37
José M. Nuévalos
Respuesta al comentario 16 de diciembre de 2020 / 08:10
Pi
COMENTARIO II y más 17 de diciembre de 2020 / 05:35
José M. Nuévalos
Respuesta al II 18 de diciembre de 2020 / 00:14
Pi
COMENTARIO III 21 de diciembre de 2020 / 01:36
José M. Nuévalos
ÚLTIMO COMENTARIO 03 de enero de 2021 / 06:11
José M. Nuévalos
Por culpa de... 03 de enero de 2021 / 13:33
Pi
 

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