De los géneros literarios y periodísticos trabajados por Jaime Muñoz Vargas (Gómez Palacio, Durango, 1964), es en el cuento donde se despliegan mejor sus aptitudes: historias en apariencia sencillas en su inmediatez y cotidianidad permiten acceder a las numerosas lastimaduras que supone la existencia cuando los logros no se corresponden con los deseos. La frustración, el apocamiento, la derrota de quienes se han atrevido a soñar de pie fluyen debajo de los renglones como un oscuro río que en su superficie exhibe la malicia de un humor administrado con puntería. En suma, este racimo de cuentos tiene detrás a un creador que desde su escondrijo —la polvorienta Comarca Lagunera, en el centro-norte de México— ha persistido en la idea de crear mundos literarios que ya lo identifican como uno de nuestros cuentistas más salientes y, no es ocioso subrayarlo, siempre ajeno al oropel de la mercadotecnia y sus fosforescentes equívocos. Prohibido soñar de pie no deja cancha a la duda: para Jaime Muñoz Vargas el cuento es un género mayor y desafiante, arte de relojería narrativa.
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