Reseña de Valeria. Relámpagos y tulipanes por Enrique Mendoza Velázquez



2019-07-05

Charles Chaplin escribió que “La vida es una obra de teatro que no permite ensayos. Por eso, canta, ríe, baila, llora y vive intensamente cada momento de tu vida, antes que el telón baje y la obra termine sin aplausos”.

El arte dramático nació en la Antigua Grecia a partir del desarrollo del komos, rituales religiosos que, a su vez, se transformaron en mitos gracias a la mímesis, la cual dio vida a la tragedia.

El público pasó de ser partícipe en los ritos, a ser un observador de la tragedia, siendo ésta un instrumento de carácter formativo en valores, incorporando los sentimientos, generando catarsis en la audiencia.

La tragedia tiene como característica principal, las situaciones que, de forma inevitable, a causa de un error terrible, condicionan a los personajes a enfrentarse a un destino fatal, lo cual genera un conflicto cuyo final es la destrucción del héroe, quien muere o enloquece.

Valeria. Relámpagos y tulipanes es una historia concebida para ser espejo del sentimiento humano, a partir de la biografía de una mujer que ve drásticamente cimbrada su vida por la pérdida de un ser amado.

Cuando se pierde a un padre o a una madre, uno se convierte en huérfano. Cuando se pierde a la pareja, uno se convierte en viudo o viuda; sin embargo, el origen de la tragedia de Valeria no podría tener nombre, pues no hay un adjetivo que califique a la condición de la pérdida de un hijo.

Valeria lo tenía todo, una familia en plena consolidación económica, el afecto de su esposo y de su hija, la plenitud de sus años que se traducían en una belleza singular que no pasaba desapercibida en ningún lugar, así como el apoyo de su padre y de su hermana.

Una vida de revista que termina una mañana, para dar pie a una existencia sombría e incierta.

Valeria, con el paso del tiempo, no sólo pierde a su hija en un brutal accidente, sino también a su esposo Roberto, quien consigue salir vivo de la desgracia, pero doblemente mutilado: espiritual y físicamente.

Se dice que en la adversidad no conocemos una nueva faceta de la persona, sino que conocemos la verdadera personalidad de alguien. Roberto y Valeria asumen ante la vida una actitud completamente distinta después del trago amargo que el destino les ha obsequiado.

La distancia, la indiferencia, la falta de comunicación y la falta de sinceridad entre una pareja son los aditivos que van minando la fortaleza que forjan los amantes.

A través de las grietas que se producen por estas detonaciones, suelen filtrarse nuevos horizontes en forma de persona, devolviendo la emoción a quien la ha perdido.

El amor es el tema central de esta historia, y se aborda desde diferentes ángulos. El amor de padre, de hermana, el vedado, el amor por la vida y finalmente la ausencia de este sentimiento.

En toda historia hay héroes y antihéroes; en este caso, Natalia la hermana de Valeria, juega un papel determinante para la comprensión de esta tragedia.

Al igual que en Shakespeare y en el Génesis, la traición fraterna define el destino de quien se percibe ante los demás como la personalidad más débil. La historia de Hamlet o la de Caín y Abel se encarnan dentro de Valeria y Natalia, las dos musas de personalidad tan distinta que dominan las páginas de Relámpagos y tulipanes. En cierta forma una de ellas representa la salvaje esencia del rayo, mientras que la otra se concibe y se asocia con la suavidad y la frescura de la flor que está a punto de abrir.

Miguel Ángel Contreras Nieto divide en tres partes su novela como si de actos de una ópera se tratase. A decir verdad, la historia de Valeria es una obra a la que únicamente le falta la música, pero es reemplazada por una sinfonía literaria, autoría de grandes nombres.

Baudelaire, Del Paso, Gautier, Chevrier, Fante, Lee, García Márquez, todos ellos mencionados en el libro por sus obras, son ellas las que dan vida una vez más a sus creadores.

El deseo de trascender en la posteridad mediante la palabra es una de las claves que devela Miguel Ángel Contreras Nieto en las páginas de este libro.

La admiración y el respeto por la expresión escrita acompaña y da un ritmo único a la novela de Contreras Nieto y gracias a ella, conocemos al comprometido lector que se ha convertido en escritor de polendas.

Lo anterior lo podemos encontrar en la genial analogía de dos episodios de la historia: Valeria recibe de su hermana un regalo, la maqueta de un puente peatonal que cruza una de las avenidas más transitadas de la ciudad de Metepec. Al final, el mismo puente se hace presente, pero ahora no es un regalo, es un camino que nuestra protagonista encuentra.

Los puentes se crearon para cruzar caminos para evitar el peligro, y representan semióticamente el traslado del antes al después, del ayer al hoy, del hoy al mañana.

La historia de Valeria, la ópera de Relámpagos y tulipanes no se desarrolla en París o Nueva York, acontece en una ciudad tan cercana e íntima como Metepec, lo cual nos recuerda que las historias de película o la vida de revista, no se verifican únicamente en latitudes lejanas a la nuestra.

Nos recuerdan que las tragedias y los sentimientos no son exclusivos de nadie, sino que les suceden a personas tan terrenales como nosotros.

El puente de Valeria nos refresca que quizá, como lo dijera Gustavo Cerati, lo único que vale la pena al final, es cruzar el amor como un puente.