–Oigo, luego existo –, se dijo la oreja un día. Sin embargo, no era nadie, ni se hablaba de ella mientras estuviera a su lado.

Aquella noche, al separarse de él y dejar de oír y existir, fue cuando cobraba vida propia, para comenzar a ser alguien. Al poco tiempo, el mundo oyó de ella y supo de su existencia. Él también salió del anonimato.
Melón
20 de April de 2020 / 23:43
Descartes, Van Gogh y una navaja 20 de April de 2020 / 23:43
Melón
C O M E N TA R I O 21 de April de 2020 / 00:30
El último Abencerraje
 

Para poder escribir en la Marina, tienes que registrarte como usuario o ingresa.