El viento sacude las ramas de aquel árbol. Bailan elevándose al cielo en una súplica. El follaje semeja las greñas de seis cabezas que riñen por tener la palabra y expresar su opinión. El tronco se bifurca en cuatro esbeltos y ondulantes tramos.

Llueve, cae granizo y el viento aumenta su embate. La tierra cede ante la humedad y las raíces del árbol se desprenden de su lecho con torpeza. Camina por la banqueta, bajo una noche por demás borrascosa.

Los perros del barrio comienzan a ladrar, a aullar; en especial el zarco, que con grandes ojos, ve cómo su árbol preferido se aleja en espectrales movimientos. Recuerda las tardes echado a su sombra panza arriba; las veces que restregó el lomo rascándose en su tronco; su placer al orinar la hierbita creciendo al pie.

Llora con gran sentimiento. Tanto, que el árbol detiene sus pasos, vuelve todos sus penachos hacia el animalito y con sus brazos en constante movimiento dice: Volveré.
Innominada
18 de August de 2018 / 19:44
Promesa 18 de August de 2018 / 19:44
Innominada
Seleccionada 27 de August de 2018 / 10:53
Carmen Simón
 

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