A Raulito lo empujan en la silla de ruedas para colocarlo, como a un viejo, debajo del sol. En la habitación están sus viejos discos, los posters de sus cantantes favoritos, un girasol qué, a estas alturas de la vida, se mueve más que el mismo Raúl. Hace tiempo que la sobredosis de barbitúricos y alcohol lo dejo quieto para siempre, enterrado en ese cuerpo que no es suyo, y la enfermera se volvió una constante en su vida. No quieren desconectar la máquina que lo mantiene vivo, “es pecado el suicidio dice la madre”. Raulito no puede decir cuánto quisiera morirse de una vez, lo mucho que desea que una falla eléctrica termine con su vida.
Black Dot
14 de June de 2018 / 22:21
Testigo mudo 14 de June de 2018 / 22:21
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Taller 17 de June de 2018 / 21:51
Mónica Brasca
 

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