Asumieron con esmero la oposición entre ellos. La crítica, por su parte, señalaba que el alucinante montaje y las travesías estéticas presentes en los filmes de uno, eran irreconciliables con el rotundo realismo y la depurada claridad narrativa del otro.
Aquella vez, cuando ambos presentaban su más reciente trabajo en un reconocido festival, cada uno lloró al sentirse conmovido por la película del otro. A partir de ese momento decidieron abandonar por completo el séptimo arte y no dudaron en denunciarlo como el disfraz más vil de la mirada.
Luciano Arrerges
11 de noviembre de 2017 / 18:50
Sincronía 11 de noviembre de 2017 / 18:50
Luciano Arrerges
me parece que subiste el texto dos veces... 14 de noviembre de 2017 / 17:14
carlos bortoni
 

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