Las evidencias parecían irrefutables: restos de cabello en la escena del crimen, huellas dactilares, grabaciones que lo registraban en camino, testigos; muchos asesinos habían sido condenados con menos. A simple vista, su culpabilidad parecía clara, casi grotescamente obvia. Sin embargo, una sensación de inquietud me rondaba respecto a este caso. Mientras meditaba, el humo de mi habano se extendía en el aire, formando nubes que lentamente desaparecían.

De un salto me levanté del sillón y fui a ver al detenido, quien, en ese momento, debía estar insistiendo en su inocencia una vez más. Al cruzar la puerta, la realidad se distorsionó como las escamas de un reptil, ondulando y deformándose, antes de recomponerse en la sala de interrogatorios. De repente fui una mosca en el techo, observando al sospechoso con esa cara resignada que solo una cicatriz en la cordura puede provocar.

Volé hacia sus manos y comencé a explorar las puntas de sus dedos, bajo sus uñas. Era evidente que esas manos nunca habían quitado una vida.

Me elevé y atravesé la ventana. De nuevo, la realidad se contrajo y volví a mi cuarto, con el habano en la misma mano que me rascaba la cabeza. Las nubes de humo ya no eran visibles, solo perceptibles por el olfato. Parece que ya no soy el único que juega con la humanidad.
Edakos
12 de July de 2023 / 15:58
Elementos de duda 12 de July de 2023 / 15:58
Edakos
Taller 13 de July de 2023 / 03:35
aguila descalza
voy 13 de July de 2023 / 10:15
Edakos
 

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