SELECCIÓN PAOLA TENA NOVIEMBRE 2021

Sueño de una noche de verano (Pingüino)

Poco después de que alguien tomara un libro del estante, Romeo reclama airadamente a Macbeth por golpearlo en la espalda sin motivo. Mientras alegan, Otelo se aproxima a Julieta con evidentes intenciones de conquista. Romeo da un salto, lo amenaza y discuten. Al oír el alboroto, Hamlet se acerca para mediar en el conflicto, en tanto que Macbeth aprovecha para ocultarse tras una cortina. Cuando advierte que algo se mueve, Julieta grita: “¡una rata!”; Romeo clava la espada varias veces y Macbeth cae. Hamlet ataca al homicida al ver el cadáver y mata a Mercurio que había acudido en su auxilio. Julieta y Ofelia, quien fue a ver qué ocurría, se desmayan.

Romeo lucha con el asesino de su amigo, y en la trifulca, a la que se suman otros, hiere a Teobaldo en un ojo. Obnubilado, este hinca su espada en el bulto que tiene enfrente, que resulta ser Polonio, quien fue a reanimar a su hija Ofelia. Agonizante, exclama: “Ser o no ser”, y armado de valor —y dos pistolas— dispara, fulminando a Teobaldo y a Hamlet que está a su lado. Cuando se calma la tempestad, Julieta y Otelo desaparecen con ayuda de un mercader veneciano, y Romeo, un tanto desilusionado, divisa a Ofelia, quien le sonríe. Mientras cruzan miradas, el rey Lear reaparece y ocupa su sitio entre aquellos libros que, deshojados y maltrechos, quedan en espera de otra agitada noche de acción, aventura y romance.

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Lobo- hombre (Marjorie)

No fue la luna repentina, sino su tenacidad, la que poco a poco lo transformó. Ha debido lijarse los colmillos, renegar de sus congéneres, reprimir su instinto feroz. Por amor abandonó la oscuridad y trabajó día a día para que a ella nada le faltara. No entiende que tanto esfuerzo haya encontrado el rechazo de Caperucita. Que no quiere volver a verlo —le ha dicho despectiva—, que no es el mismo que la enamoró, que ha perdido la rabia salvaje que tanto la atraía.
Lobo merodea alrededor de su antiguo hogar como un perro que añora las caricias del ama. Aunque ella debería empezar a temerlo. Porque recuperar la propia naturaleza es más sencillo y esta noche, precisamente, es plenilunio.

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Los tropiezos de un hombre de letras (Simbad)
Mientras más escribía acerca de cronopios y de famas, se acrecentaba el presentimiento de que algo inusual ocurriría. Al escuchar ruidos en el exterior y asomarse por aquella “o” que servía de mirilla, supo que era demasiado tarde. Unos siniestros signos de interrogación, a quienes tanto temía, ya habían traspasado la reja formada por una larga fila de haches, y estaban frente a su puerta. Aunque la había reforzado días antes, al igual que los ventanales, con una equis de arriba abajo, no tardarían en derribarla con sus dudas y preguntas, armados con los signos de admiración que esgrimían a manera de cachiporras. De inmediato corrió a la parte de atrás donde, con ayuda de una jota, forzó la ventana del patio y la sostuvo con una horquilla en forma de ye antes de escabullirse. Describiendo una hipérbole, dio un salto a la casa vecina y dobló hacia la Avenida de la Ortografía. Varias comas en su camino lo forzaron a ir más despacio y un punto lo obligó a detenerse. Tras ocultarse dentro de unos paréntesis prosiguió con rumbo a la Plaza de la Gramática, donde tomaría un coche de alquiler para huir de sus perseguidores. Al mirar hacia donde los autos deberían estar estacionados, sintió que el mundo se le venía abajo. ¿Había equivocado el camino? Frente a él, cerca de los árboles, había un vistoso letrero que rezaba: “Parque Sintaxis”.

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El último cuento de la abuela (Gesel van God)

“La ciudad y los perros dormían aún cuando Mary salió para llevar galletas a su abuela enferma. Un lobo con piel de oveja le salió al paso y, tras preguntarle su destino, ofreció ayudar. ¿Recuerdas “Mary has a little lamb”? Pues era ella, la de la canción, y como tenía una ovejita en casa no sospechó. Pero aquel debajo del vellocinio de oro era el lobo de Wall Street, un viejo lobo de mar astuto y mañoso que la mandó hasta el Bronx. Él tomó un atajo y llegó primero. Al verlo, Pedro, un pastor que predicaba por ahí, dio la alarma, pero nadie le hizo caso y terminó en las tripas de la bestia, indigestándola. Al escuchar ruido, la abuela llamó a los hermanos de Arville, valientes cazadores que llegaron raudos con fanfarrias y torretas encendidas. Cuando oyó el dulce canto de las sirenas, se sintió aliviada; tomó el abrigo de pieles, su bolso de cuero de ñu para ir de compras y a comer pollo en Joe’s.

Ellos fueron tras el lobo, y en la persecución, una enorme rama golpeó la cabeza de Francisco y murió. Pero su hermano Juan, fuera de sí, lo acorraló, ahorcándolo. Por eso la viuda del muerto educó a sus hijos y nietos, haciéndolos repudiar la cacería. Desde entonces, sus descendientes estamos convencidos de que maltratar a los animales, o matarlos, no es algo digno de celebrarse. El hombre es más peligroso”.

A la mañana siguiente encontré la nota de los secuestradores sobre su cama.
Paola Tena
07 de December de 2021 / 12:59
SELECCIÓN DÍA 19 (PAOLA TENA) (PERDÓN POR EL RETRASO!) 07 de December de 2021 / 12:59
Paola Tena
Corrección 08 de December de 2021 / 01:59
Gesel van God
 

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