Aquí
Por Fernando Ira
La fila del banco era larga. Esperábamos sentados cuando Ana me apretó la mano con fuerza y yo sentí un hormigueo por todo el cuerpo. Me miró a la cara y me dijo: aquí. Y solo con observar cómo mordía su labio inferior mi sexo se transformó. Al ver mi bulto sonrió, dejó su silla y se sentó en mis piernas sin importarle las miradas que de inmediato se quedaron fijas en nuestros cuerpos. Se movía lentamente, ora hacia adelante, ora hacia atrás, como si las olas de un mar invisible la mecieran. Ella me había prohibido tocarla. Era ella quien hacía y yo quien se dejaba hacer. Y todo esto me excitaba aún más. Sentí su pelo en mi cara, ese olor a bamboo fresco que había conocido diez años atrás, en un bar del centro de la ciudad... esa noche se acercó a mi mesa y mientras sonreía dijo: aquí.

El francotirador
Por Simbad

Observó desde la azotea lo que ocurría detrás de la ventana. Con aplomo, puso el ojo en la mira, ubicó al objetivo y apuntó al corazón. Lentamente acercó el dedo al gatillo hasta hacer contacto y sentir el punto exacto que marcaría el final. El pulso se aceleró cuando ella empezó a desnudarse. Quiso darse un momento para disfrutar de aquel cuerpo que pronto estaría inerte, de su torso sin amarras, de esos pechos expresivos que hacían temblar su mano. Vio su cara inocente y ajena a lo que estaba por ocurrir y le concedió el plazo necesario para deshacerse del pantalón y de la minúscula prenda debajo de él. Una gota de sudor resbaló de su frente. Atónito ante lo que veía, se lamentó de su pasado y del futuro, de no haberla conocido antes y de acabar con ella sin compartir un momento, sin abrazarla ni recibir sus besos, sin probar sus delicias ni escuchar su voz y sintió envidia por quien disfrutaba de sus favores. Antes de arrepentirse, apuntó de nuevo, apretó con fuerza y cerró los ojos. Fue más fácil matar a su padre que privarse de intentar gozar a la que iba a ser su madrastra.

Transformers
Por Pepe Lepew
Es en la intimidad donde las manos hablan, la lengua palpa mientras el cuerpo escucha y sueña inventándose a sí mismo. Es el momento donde nos desdoblamos para asumir nuevas formas, convertidos en esencia y realidad. Surge el lobo, aparece un león, ruge el tigre al tiempo que la oveja se convierte en águila, en pantera, en la serpiente que me envuelve hasta la asfixia. Ahí, tú y yo somos materia incandescente, deseo, carne y sudor, historia y mito, pasado, futuro y presente. Ahí existimos, sobre y debajo de la piel. Somos sinfonía y concierto, poesía en movimiento, pasión, éxtasis, vida plena
y la muerte recurrente.
Al cerrar cada capítulo, volvemos a la normalidad, ataviados con el cotidiano disfraz de nadie; somos anónimos e invisibles, mimetizados en la multitud de rostros de la jungla, criaturas indómitas al acecho, latentes, agazapadas entre el follaje de las horas en espera del encuentro, para despertar de nueva cuenta del letargo, renacer y reiventarnos cada vez.

Fin de ciclo
Shooting Star

La robusta mujercita, junto con sus compañeros, se divierte en su último año de estudios. Experimentar con los sentidos a partir del tacto, los induce a jugar de manera incansable con los límites fumar, beber, reír, sentir. Una secuencia que los jóvenes tratan de vivir cada vez que pueden. Ensayar con los cuerpos está reservado para los más osados. Martina se anota cada vez que surge un nuevo intento exploratorio y termina por ser la destinataria de casi todas las incursiones. Y como buena anfitriona, en poco tiempo está altamente calificada para absorber un caudal importante de conocimiento. Al final del ciclo académico, sus papás preparan con resignación y recato una nueva habitación que adornan con motivos infantiles.
carlos martín briceño
02 de January de 2021 / 20:31
Selecciones del 17 de Diciembre 02 de January de 2021 / 20:31
carlos martín briceño
Gracias 03 de January de 2021 / 18:36
Fernando Ira
 

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