La niña y los cuerpos astrales
por Persephone

El hombre puede verse a sí mismo tendido en la calle. Recuerda un dolor en el pecho, como un nudo de espinas, y los árboles y las casas girando a su alrededor. Recuerda, también, el rigor de la vereda al recibir su cuerpo. Y los ojos entreabiertos a los que asomaba una niña. Y de repente la nada.

Y en este verse a sí mismo tendido en la calle, vuelve a asomar aquella niña, quien ahora se acuclilla a su lado parsimoniosamente. “Pobrecita, se va a asustar”, piensa, al tiempo que la niña saca unas tijeras y corta la cuerda con la que el alma del hombre aún permanecía unida al cuerpo. Acto seguido, un túnel con una luz al final se abre. El hombre acepta su destino y comienza a adentrarse en la oscuridad. La niña, con una sonrisa de ceja a ceja, sujeta la cuerda que retiene el alma y, decidida, camina en sentido contrario. Al llegar a la esquina, una mujer, con voz firme pero no exenta de dulzura, le espeta:

—Cariño, ¿qué te he dicho al respecto?

La niña baja la cabeza, mueve un pie como si estuviera aplastando un insecto, y alega:

—¡Pero, mamá, es que este de verdad sí se parece a mi papi!
Carmen Simón
04 de Noviembre 2018 / 12:33

SELECCIÓN DÍA 18: La niña y los cuerpos astrales por Persephone 04 de Noviembre 2018 / 12:33
Carmen Simón

 

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