Cuando papa oyó que tocaban a la puerta se levantó del sillón y fue a abrir. —No te esperaba —dijo.
—Todos se sorprenden al verme, no eres la excepción — contesto.
Yo había empezado a rememorar cosas, recordé mi primera comunión, un beso que me dio una niña apenas un par de días antes en nuestro salón de clases. Sentí esa ligereza que me entibió el pecho al sentir sus labios pegados a los míos.
—Estoy listo — dijo mi padre.
—No he venido por ti —contesto ella.
Mi padre comenzó a implorar, su llanto entrecortado con los sollozos, pero era todo en vano. Como un viento frió mi alma se desprendió de mi cuerpo y se agarro de la mano calcárea para partir a la eternidad. Allá dentro de la casa mi viejo no sufriría mucho porque en solo unos días la tristeza daría cuenta de el.

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01 de Octubre 2018 / 20:19

la visita 01 de Octubre 2018 / 20:19
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         Taller02 de Octubre 2018 / 05:21
         Elisa A.

 

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