Permanecen calladas. Suspendidas en su sueño mineral y aún con el paso de los siglos, en su pesadilla lítica, pueden oír los gritos de los que sucumben a la intolerancia. Se piensa que están ahí para espantar a los infieles o para ahuyentar los malos presagios de los lugares sagrados. Criaturas con cuerpos monstruosos, con ojos saltones y luengas barbas. No sabemos si en los últimos segundos de vida, aquellos que torturan en el nombre de alguna deidad, ven a las gárgolas aparecer como una visión del infierno ganado celosamente y a pulso.
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07 de Septiembre 2018 / 18:59

Inertes testigos 07 de Septiembre 2018 / 18:59
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         Taller08 de Septiembre 2018 / 06:53
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