La pobre criatura esta encadenada del cuello a un pesado bloque de cemento sumergido en medio de la empalizada. Para nadar con ella, los pescadores, cobran cien dólares. Los únicos que pueden pagar eso son los turistas americanos; rubios pecosos que dicen amar las emociones fuertes. Claro que ellos no saben que le han arrancado los filosos dientes para que no muerda y también la lengua para que la sirena no cante.
Lucía
05 de Septiembre 2018 / 20:35

Selección del día 9: “Atracción turística” de Black dot 05 de Septiembre 2018 / 20:35
Lucía

 

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