Desmontaron el atrio y destrozaron los vitrales. Era una iglesia tan antigua que poco en ella tenía valor. San Agustín, San Pedro y San Lázaro fueron los siguientes en ser derribados. Los confesionarios y la pila bautismal, de madroño y cedro, fueron útiles para una hoguera en la que calentaron la merienda y la cena. Pero no todo fue destruido. Cuando bajaron los monstruos del techo, y uno de ellos levantó el mazo listo para el ataque, el jefe de los albañiles se exaltó. «Ni se te ocurra» le dijo.  «Las gárgolas son los ídolos de las palomas».
Zroix
04 de Septiembre 2018 / 10:06

LO SAGRADO 04 de Septiembre 2018 / 10:06
Zroix
         Taller11 de Septiembre 2018 / 12:32
         Marcial Fernández

 

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