Una oreja me perseguía a todos lados, escondida en mi maletín, en mis bolsillos, o entre mi ropa. Varios días, para deshacerme de ella, la botaba en el cesto de la basura o por la ventana de mi auto, pero la muy astuta se daba maña para fastidiarme. Siempre que podía, se acercaba a mis oídos para susurrarme monosílabos y frases ininteligibles. Sólo hasta ayer logré la forma de deshacerme de ella: le puse un algodón y ya no puede verme.
esleongo
08 de Agosto 2018 / 10:46

Ciega 08 de Agosto 2018 / 10:46
esleongo
         Taller13 de Agosto 2018 / 00:49
         Tequila
                  Gracias...13 de Agosto 2018 / 16:34
                  esleongo

 

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