El verdugo jamás inclinó su cabeza ante nadie. Cuando triunfa la revolución, sabe que ha llegado su hora. Vuelve a casa, cuelga en el armario la capucha y se sienta a esperar frente a la puerta.
De profesional a profesional — repite, mientras afila bien el hacha que el sustituto empuñará, a más tardar, mañana al romper el alba.
Y será la primera y última vez que baje la cabeza—.
Aarón
14 de Mayo 2018 / 01:32

Nobleza obliga 14 de Mayo 2018 / 01:32
Aarón
         Taller16 de Mayo 2018 / 07:39
         Mónica Brasca

 

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