Candelario López, golpea la piedra con el martillo y cincel. Sus manos toscas van haciendo hendiduras que conforman letras, las más bellas que ha tallado en su vida. Cuando termina de escribir “Aquí Yace”, se detiene, toma un sorbo de aguardiente, se limpia el sudor y el polvo de la cara. Después continúa labrando el nombre mientras escucha el llanto de las mujeres. Pone la lápida en el piso con mucho cuidado y toma otra donde esculpirá un ángel. “uno bien bonito”, piensa, para que cuide el sueño de su niño muerto que, mañana, él mismo va a enterrar.
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12 de Enero 2018 / 09:54

La ofrenda 12 de Enero 2018 / 09:54
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