Se la entregaron nuevecita. ¡Y era tan hermosa! Sin embargo, casi desde el primer día, notó que las cosas no iban a marchar como él había imaginado. La muchacha era curiosa sobremanera y todo lo cuestionaba. En el fondo de sus ojos siempre había una chispita de disconformidad y su carácter tornaba a veces díscolo, cuando no declaradamente rebelde. A pesar de todo le gustaba. Adoraba el contoneo de sus caderas al caminar, la forma de su risa y hasta el mohín levantisco de su labio cuando se enfadaba. Por eso cuando ella, harta de no tener respuesta a sus preguntas, se marchó con la serpiente, a él se le rompió el corazón en dos.
Cuando Dios volvió a preguntarle si quería que le inventase algún ser para no estar solo, Adán negó con la cabeza y esa fue toda su respuesta.
Patricia Redondo
01 de Diciembre 2017 / 04:49

Ni sumisas, ni devotas 01 de Diciembre 2017 / 04:49
Patricia Redondo
         Taller05 de Diciembre 2017 / 12:50
         Elisa A.
                  Gracias07 de Diciembre 2017 / 03:15
                  Patricia Redondo
         Me gusta este micro y coincido con Elisa en el titulo. Suerte.09 de Diciembre 2017 / 10:31
         Black Dot
                  Gracias Black Dot11 de Diciembre 2017 / 15:56
                  Patricia Redondo

 

Para poder escribir en la Marina, tienes que registrarte como usuario o ingresa.