En sus ojos había un bosque. Altos arboles de mil colores y las hojas se desplomaban incesantes sobre el sendero, todo cubierto por escarcha. La naturaleza se preparaba a dormir el largo omnipresente invierno. Sus dedos delgados acariciaban mi nuca. Blancos, helados dedos, carentes de sentimiento, como los de alguien que solo cumple con su trabajo. La dureza de su tacto indiferente, la meticulosidad con que tergiversó mi ser me sorprendió. Y vi mi cuerpo cubierto de colores; rojos; cafés; ocres y en un pequeño espacio mi zapato negro que alcanzaba a destacar entre toda esa otoñal belleza.
Black Dot
14 de Noviembre 2017 / 14:34

Reflejo 14 de Noviembre 2017 / 14:34
Black Dot
         Taller19 de Noviembre 2017 / 18:16
         Telares

 

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