Otra vez de noche, ya estoy en cama. Como el sueño no llega, imagino ovejas saltando la cerca y amontonándose una tras otra en el gran jardín que rodea mi casa. La oscuridad no me impide verlas tomar impulso y observar cómo algunas se enredan en el maderamen para caer sobre la grama, levantándose con rapidez. Al buen rato ya son más de trescientos, más luego llegan a mil, todas blancas y coposas como la lana. Se agolpan frente a mi puerta que golpetean con sus patas, pero balan tanto, ¡beeee!, ¡beeee!, que no me dejan dormir.
esleongo
14 de Noviembre 2017 / 08:17

Insomnio 14 de Noviembre 2017 / 08:17
esleongo
         Excusas, no son trescientos, son trescientas...14 de Noviembre 2017 / 08:27
         esleongo
         Taller19 de Noviembre 2017 / 16:00
         Mónica Brasca

 

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