Asumieron con esmero la oposición entre ellos. La crítica, por su parte, señalaba que el alucinante montaje y las travesías estéticas presentes en los filmes de uno, eran irreconciliables con el rotundo realismo y la depurada claridad narrativa del otro.
Aquella vez, cuando ambos presentaban su más reciente trabajo en un reconocido festival, cada uno lloró al sentirse conmovido por la película del otro. A partir de ese momento decidieron abandonar por completo el séptimo arte y no dudaron en denunciarlo como el disfraz más vil de la mirada.
Luciano Arrerges
11 de Noviembre 2017 / 13:46

Sincronía 11 de Noviembre 2017 / 13:46
Luciano Arrerges
         taller14 de Noviembre 2017 / 16:10
         carlos bortoni

 

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