En el Monte Roso habita una bestia que platica con los hombres. Cierta vez charló con un señor que ansiaba escribir un texto que le diera fama y fortuna. Le pidió que cerrara los ojos, luego le dijo que los abriera y le preguntó qué veía.
—Un dragón, —respondió Augusto.
—Ahí lo tienes. Escribe eso y la gloria será tuya—, contestó el reptil.
Augusto descendió de la montaña. Llegó a su casa, se puso a escribir y el mundo sabe que logró su propósito.
A Monte Roso también llegó la noticia. El ser mitológico entristeció porque el personaje central del relato fue suplantado por un dinosaurio.
Los dragones perdonan, jamás olvidan.
Meminero Tui
06 de Octubre 2017 / 22:34

Monte Roso 06 de Octubre 2017 / 22:34
Meminero Tui
         Comentario13 de Octubre 2017 / 04:09
         Daniela Truman

 

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