La anciana ve con ojos tristes las fotografías amarillentas. Tiempos felices que partieron como las aves una vez que el verano se marcha. En una de esas esta ella con un vestido de bodas que se hizo polvo como el olvido del hombre que nunca llego a la Iglesia. Ya no tocan a su puerta los niños para que les enseñe el catecismo, las amigas para tomar el café y compartir noticias, los vendedores ambulantes de pan y los que arreglaban cualquier cosa en la casa por unos cuantos pesos. En un par de semanas, cuando el olor a carne pudriéndose atraviese el umbral de su casa y alguien derrumbe las puertas, la encontraran sentada en su sillón, repleta de gusanos y moscas como única compañía.
Black Dot
12 de Septiembre 2017 / 19:49

Eleanor 12 de Septiembre 2017 / 19:49
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