Se atraían mutuamente cual polos opuestos, pero algunas cosas los separaban. Ella lucía cruz de plata al cuello y él era agnóstico. Ella amaba cocinar platos condimentados con ajo y a él estos le producían un asco irrefrenable. Pero la pasión de uno por el otro lograría derribar fronteras. Así un día ella arrojó lejos de sí la cruz bendita y junto con aquella la ristra de ajos. Él fascinado y dulce a la vez que pasional, la abrazó y mordió su yugular.
Lucía
01 de Septiembre 2017 / 12:05

Selección del día 9: "Pasión" de Rospo 01 de Septiembre 2017 / 12:05
Lucía

 

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