Algo, un pedazo de hierro ardiente, atravesó el espacio entre él y el otro que lo observaba a través de la mira y se le enterró en un costado, justo en el espacio entre una costilla y otra. Los sonidos de las metralletas que vomitaban su plomo para que otros tantos, como él, los recibieran como un tesoro maligno o un gusano que horadara sus entrañas para internarse en ellas y ahí desencadenar la muerte. No se dio cuenta de que se estaba muriendo sino hasta que se encontró en el piso, recostado en un charco de su propia sangre y sin energía para que nada le doliera. Vio un haz de luz alzarse y recordó la noche en que había recibido aquel primer beso y la sensación de euforia que había tenido. Feliz, en el último segundo de su vida, el cabo Sánchez recibió a la muerte.
Black Dot
13 de Julio 2017 / 21:32

Recuerdos 13 de Julio 2017 / 21:32
Black Dot
         Taller17 de Julio 2017 / 19:16
         Laura Elisa Vizcaíno

 

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