Recién contratado, este vendedor de paraguas se instala en una concurrida calle de la ciudad, preciso cuando empieza a llover. Y grita a voz en cuello como si nadie supiera de qué se trata: “Se venden paraguas negros, azules, amarillos, verdes y rojos. Son de la fábrica de Paraguas Carballo Rusqué, preferidos por el Pingüino, cóncavos y desplegables, todos de tela impermeable. ¿Si ven? –explica mientras hace una demostración– este es un invento maravilloso, no deja que uno se moje con la lluvia, dos caben debajo y si son tortolitos enamorados mucho mejor. Cuando está cerrado sirve de bastón, incluso puede uno defenderse con él, si es víctima de atraco o robo. Llévelo en promoción con el 40 por ciento de descuento, cada que llueva se acordará de mí, no se arrepentirá”. En seguida, sigue explicando cosas, habla de las varillas unidas al eje central, de cómo cerrarlo correctamente y mil pendejadas más.
Cuando termina ha dejado de llover y nadie le compra.

esleongo
19 de Mayo 2017 / 10:23

Calle octava 19 de Mayo 2017 / 10:23
esleongo

 

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