Apenas comienza la lluvia, se encabrita impaciente y no me queda otro remedio que sacarlo a recorrer la ciudad. No piense que soy yo quien elige el camino, es él quien se encarga de dirigir mis pasos, siempre por los bulevares concurridos o las calles más comerciales, para fingir encontronazos como este. Si le desobedezco, engarfia el mango alrededor de mi muñeca hasta hacerme daño. Incluso ha sido capaz de volver sus varillas hacia mí, amenazando con introducírmelas en los ojos. Sabe bien lo que busca: an umbrella ¬ (en estas ocasiones, utiliza el inglés). Sus preferidas son las de mango de marfil, tejido de raso y colores pastel, justo como la suya. Fíjese, señorita, parece que ella no lo mira con malos ojos. ¿No cree que deberíamos dejarlos intimar? En el paragüero de esta cafetería, por ejemplo. Así mientras ellos disfrutan un ratito, usted y yo, bien resguardados, compartimos una taza de té.
Noé
16 de Mayo 2017 / 10:32

En celo 16 de Mayo 2017 / 10:32
Noé

 

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