Un lujoso auto se detiene a las puertas de un edificio. De ahí baja un hombre fornido que procede a abrir una sombrilla y después otra puerta del automóvil. Veo un par de piernas que se aprecian magníficas, esculturales. El fortachón sigue protegiendolas del sol con el paraguas. Las puertas del lugar se abren y cuando extremidades y fornido han entrado se vuelven a cerrar. Atrás el resto de una hermosa mujer se arrastra trabajosamente debajo de la resolana ardiente del verano citadino.
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15 de Mayo 2017 / 15:44

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