Durante la pelea el hombre recordó a su arma secreta, sin embargo, se le había resbalado en el último ataque. Ya no había salida. Sólo un milagro podría salvarlo. Recibió uno, dos, tres puñetazos. Un hilito de sangre escurrió por su mentón. El mundo dio vueltas. Besó el suelo. Todo era borroso. Ahí el hombre encontró un artefacto. Sonrió, inmediatamente apretó el botón del objeto. El lugar se lleno de un gas rosáceo. El hombre tapó su nariz con la manga de su camisa, sin embargo, su agresor no fue tan rápido. Él respiró el gas, tosió repetidas veces. Estaba gravemente herido. Lo sabía, así que decidió huir en medio de la noche. Los perros aullaron lastimosamente. La justicia había fallado y el Pingüino, una vez más, se había burlado de ciudad Gótica, gracias a su arma más letal: el paraguas.
José Álvarez
13 de Mayo 2017 / 12:16

El arma secreta 13 de Mayo 2017 / 12:16
José Álvarez
         Taller22 de Mayo 2017 / 11:02
         Laura Elisa Vizcaíno

 

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