La diminuta mujer camina cómo dando saltos cortos y rápidos. El dolor de sus pies vendados y deformes es una tortura. Nadie sabe que trabajó en la casa de Madama Ohurí, quien yace muerta en la casa de geishas gracias a una herida abierta con un paraguas finísimo. La mujercita llora y el blanco maquillaje de su cara se corre. Sostiene en una mano el parasol, con el que cometió su crimen y que contemplado desde lo alto de la colina, parece un punto negro que se va recorriendo entre la muchedumbre cómo marcando espacios decimales.
Black Dot
06 de Mayo 2017 / 18:10

Una Geisha 06 de Mayo 2017 / 18:10
Black Dot
         Comentario12 de Mayo 2017 / 06:46
         Daniela Truman

 

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