De más chico no entendió por qué no podía acudir a esperarlo a la salida del trabajo, o por qué nunca se dejaban ver los tres juntos por el paseo, o a la entrada o salida de un cine. Su madre jamás le dijo; pero a los once comenzaban a dolerle las reiteradas alusiones de los demás, la ausencia de amigos, o que todos —pequeños y grandes — torcieran el gesto a su paso. El oficio de su padre no era funcionario “Ejecutivo”, como él pensaba, sino “Ejecutor”.
Como hijo del verdugo adivinó tres cosas: que no iba a gozar de una vida social muy activa, que la sombra de la horca es alargada y que ya portaba el estigma del futuro empleo que le estaba reservado.
Aarón
14 de Abril 2017 / 08:00

PAPÁ NO ES UN EJECUTIVO 14 de Abril 2017 / 08:00
Aarón
         Taller del 14/415 de Abril 2017 / 08:37
         Mónica Brasca

 

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