Acompañada de un niño sucio y andrajoso, Penélope persigue a su marido para reclamarle el sustento. Ella hace circular rumores en los bares y prostíbulos: “Es un mal padre, no tengo ni qué darle de comer a mi hijo. Y las piernas de las mujeres se cierran, negándole el placer al incumplido padre. Con tal de que se marche, él le ofrece ricos presentes. De regreso en Ítaca, vestida y enjoyada, Penélope recibe como obsequio un enorme caballo de madera. En lugar de víveres, oro y vino, de él emerge un regimiento de soldados que viene a terminar con la verdadera causa del desabastecimiento: los abusivos pretendientes de Penélope.
Mónica Brasca
01 de Abril 2017 / 13:28

Selección del 14/3: Regalos griegos, de Malvadisco 01 de Abril 2017 / 13:28
Mónica Brasca

 

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